Si pretendemos con seriedad responder a la
pregunta de qué es la muerte, deberemos plantearnos previamente otra cuestión
no menos importante y difícil de resolver: ¿qué es la vida?. Se trata de una
pregunta cuya respuesta convincente está muy lejos de haber sido hallada
todavía.
El hombre se ha planteado siempre el problema de
su desaparición física, y ha sufrido por ello el más variado espectro de
reacciones afectivas: tristeza, desesperación, temor, angustia; mientras su
capacidad intelectiva maduraba respuesta tras respuesta tratando de comprender
el problema. La forma de disipar las incógnitas y disolver los temores acerca
de la muerte dio lugar al desarrollo de unas concepciones escatológicas que, si
bien han variado con el transcurso de los siglos y según las distintas
culturas, al final se redujeron a dos grandes ideas que aún vertebran las más
importantes filosofías , religiosas de . Oriente y Occidente: la doctrina
reencarnacionista y la creencia en el espíritu inmortal de los cristianos. A
ellas hemos de añadir las nuevas corrientes científicas -el positivismo
lógico, el materialismo dialéctico, etc.- que han llegado a otras concepciones
menos gratas. La muerte es el fin definitivo del hombre. Su mente no es otra
cosa que una función cerebral que desaparece cuando la masa encefálica se
corrompe y disuelve. Para muchos hombres de ciencia único signo de
supervivencia se reduce a la impronta que quede en la mente de los demás;
decir, sólo se vive en el recuerdo... Continúa