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¿Por qué se drogan nuestros hijos?

SOY DROGADICTO y alcohólico. También soy padre de dos niños, feliz en mi matrimonio y fundador del Programa Palmer contra el Abuso de las Drogas, en Houston. Fumaba marihuana, inhalaba cocaína, me inyectaba heroína, tomaba alcohol ... a veces, hacía todo esto al mismo tiempo. Robaba a la gente. Ya no hago estas cosas por que he encontrado una mejor manera de vivir.

En los 16 años transcurridos desde mi última euforia inducida por las drogas, he enseñado a miles de adolescentes y padres de familia lo que he aprendido. La mayoría de los muchachos ha resuelto su problema de drogadicción.

He dicho que soy drogadicto. Considero que somos el resultado de nuestras experiencias, buenas y malas. Durante diez años consumí drogas y pasé tres de ellos en prisión. Todavía soy adicto, pero ya no tomo drogas.

¿Qué me hizo cambiar? En 31 ocasiones, diversas personas habían tratado de alejarme de las drogas, sin lograrlo; pero, a los 27 años, me vi en la cárcel. Por primera vez, mis padres no pagaron la fianza para libertarme. Infinidad de veces, me pregunté: ¿Por qué estoy aquí? Culpé a mis padres, a las escuelas y a la policía. Pero, al cabo de varias semanas, reconocí la verdad: Estoy aquí porque yo mismo me coloqué en este lugar.

Poco después de salir de la cárcel, conocí a Charles Wyatt-Brown, ministro episcopal de voz suave y estatura elevada. El padre Charlie me inició en el trabajo con adolescentes que tenían problemas de drogadicción. Al principio, me sentía como un impostor; pero, conforme empezaron a escucharme cada vez más muchachos, empecé a creer en mis propias palabras: era mejor estar sobrio. Tenía un empleo; tenía amigos. Advertí lo que me ofrecía la sobriedad (dicha, seguridad, amor), y que dependía enteramente de mí que lo tomara o lo dejara. Por eso dejé de consumir drogas.  

Por qué se drogan los jóvenes. Dios no quiera que los hijos del lector prueben las drogas, pero es tan probable que los chicos ingieran drogas y alcohol como que contraigan sarampión. Incluso niños de primaria consumen drogas.

Es común el concepto erróneo de que los niños se drogan las prime­ras veces para rebelarse o para escapar de la realidad. Aunque es posible que estos factores promuevan el abuso cuando se empieza a contraer el vicio, casi todos los jóvenes prueban inicialmente las drogas para obtener aceptación. La "sociedad de drogadictos" en que viven les señala que tomar drogas es algo "refinado", un comportamiento aceptado. Y, así, los jóvenes anhelan experimentar.

Si su hijo no ha probado aún las drogas, qué bueno; pero, aunque tenga usted en su hogar un sólido muro contra las drogas, el mágico camino que conduce a ellas comienza cuando el muchacho sale a la calle. Muchos jóvenes se aventuran por dicho camino movidos por la curiosidad o por la presión de sus compañeros.

¿Por qué algunos adolescentes prueban las drogas unas cuantas veces y luego las dejan, en tanto que otros las toman como una panacea? ¿Por qué influyen las drogas más en unos que en otros? Un motivo es la escasa autoestima. Es posible que algunos muchachos necesiten las drogas para agradarse a sí mismos, como me ocurría a mí. Por tanto, una clave para prevenir el abuso de las drogas consiste en reforzar a temprana edad la autoestima del niño: darle un amor incondicional, satis­facer sus necesidades de la mejor manera posible, evitar que se sienta mal por ser como es.

Los niños hacen muchas cosas que molestan a los adultos: derraman líquidos, rompen las cosas, hacen ruido, dejan los juguetes desparramados por toda la casa. Si los padres no advierten la diferencia que existe entre la inquietud infantil y el mal comportamiento auténtico, o si disciplinan al pequeño sin aclarar que no es él, sino su comportamiento lo que está mal, el niño se sentirá castigado una y otra vez por ser como es. Esta acumulación de sentimientos negativos, especialmente en los cruciales años de la infancia, dan como resultado la falta de autoestima. Un niño que tiene amor propio se siente poderoso, seguro y aceptado por ser como es.

No se puede impedir que los niños estén expuestos a las drogas, como tampoco se puede evitar que se resfríen. Pero, así como los niños físicamente sanos están en condiciones de combatir a los virus, los que tienen una gran autoestima son menos susceptibles a la drogadicción.

Aceptación de la realidad. La solución, lo mismo que la prevención del problema de la drogadicción, se inicia con los padres de familia. Si descubre que su hijo está probando drogas o consumiéndolas excesivamente, no debe usted empantanarse en sus sentimientos iniciales de culpabilidad, indignación, ira e impotencia. En vez de culparse mutuamente con su cónyuge ("¡Tú lo echaste a perder!"), o de culpar al muchacho (" ¿Cómo has podido hacernos esto?"), tome medidas que ayuden de inmediato a su hijo. Si él estuviera desangrándose, no correría usted a tomar un curso de primeros auxilios sino que contendría la hemorragia.

Es posible que su hijo, al cumplir los 15 años, sepa más que usted sobre el mundo contemporáneo de las drogas. Los adolescentes anhelan adquirir experiencia y, en cuanto se han metido profundamente en ese medio, la "educación" referente a las drogas no les ofrecerá nada que se aproxime a consumirlas, a esa sensación instantánea producida por las sustancias químicas, de que todos los problemas se han esfumado.

Precisamente en la época en que el joven necesita aprender a resolver los problemas de adulto, las dro­gas pueden darle un medio para eludirlos. Ingiere las sustancias quí­micas y, entonces, dichas sustancias lo dominan y socavan su esponta­neidad y vitalidad. Las drogas no constituyen un medio para que el joven "se encuentre", como muchos pretenden. En realidad, su efecto es el opuesto. Lo que necesitan hacer los padres es lograr que los adolescentes experimenten la sobriedad para que puedan aprender a afrontar el verdadero, penoso proceso del desarrollo.

Resolver el problema de las drogas exige honradez y buena disposición. Es mucho más fácil negar que existe el problema: "Sólo fuma marihuana. Eso no es muy grave". O: "Está atravesando por una etapa que pronto pasará". Pero no conviene pasar por alto esta situación. Es preciso escuchar lo que dice el muchacho acerca de su consumo de drogas, y prepararse para hacer lo más conveniente. Esto requiere de tiempo y dedicación. 

Lo malo es malo. Una joven a quien aconsejé recibió un obsequio inesperado al cumplir los 18 años. Era bonita, inteligente y agradable, pero la drogadicción le costaba 75 dólares diarios. Cada vez que la sorprendían con drogas, en hurtos o de paseo en vez de asistir a clases, sus padres pagaban el mejor auxilio profesional posible. El matrimonio averiguó que su hija vivía con un drogadicto; cierta noche, en el delirio causado por las drogas, él la golpeó. Cuando llegó corriendo a casa, sus padres se horrorizaron, pero también se alegraron de que estuviera a salvo. A la semana siguiente, regresó con su novio. Atónitos, los padres sacaron la conclusión de que había fracasado el "amor", según lo definían ellos.

En su cumpleaños, la joven recibió una maleta llena de ropa. Sus padres le dijeron: "No podemos permitir que destruyas a la familia y a ti misma. Nos gustaría llevarte a casa, pero te queremos demasiado para hacerlo".

La muchacha captó el mensaje. Sus padres le decían: "Te queremos incondicionalmente, pero no aceptaremos tu comportamiento". La decisión era de ella. Tres meses después, regresó a casa ... esta vez, definitivamente.

Es importante señalar que el amor incondicional no es igual que la indulgencia. El amor exige que se establezca una distinción entre la persona (que es buena) y su comportamiento (no siempre bueno). La indulgencia consiste en soportar el mal comportamiento. En mi opinión, no hay peor perjuicio que un padre pueda causarle a su hijo, porque este interpreta la indulgencia como abandono.

Como todo el mundo, los padres desean agradar. Suponen que, al imponer límites morales y prácticos, sus hijos los considerarán aburridos y tontos. Tienen razón. No obstante, los adolescentes necesitan creer que sus padres son tontos y aburridos; es ley universal que, durante varios años, hasta los mejores padres parezcan anticuados, ilógicos, exasperantes y tontos a los ojos de los adolescentes. Por tanto, no permita que el anhelo de agradar le tiente a aceptar el mal comportamiento de sus hijos.

Es vital que los padres busquen apoyo para resolver el problema de la drogadicción. Lo mejor es buscar ayuda hablando con otras personas que han pasado ya por la situación que usted afronta.

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